Internacional.- La señora Ivón Guerrero Altuve vive una pesadilla desde hace más de dos meses. Su hija, Oriana Yemalia Silva Guerrero, una joven venezolana de 36 años, desapareció en marzo de 2025 en Ciudad Juárez, y hasta ahora no hay rastro de ella.

Desde su país natal, Venezuela, Ivon lucha con la angustia y la impotencia. No ha podido viajar a México para buscar a su hija, pues su situación económica y migratoria se lo impide. A la distancia, ha tocado puertas, ha solicitado ayuda a las autoridades mexicanas y ha hecho todo lo que está en sus manos para exigir justicia. Sin embargo, la desesperación crece cada día.

A pesar de la gravedad del caso, la Fiscalía General del Estado de Chihuahua tardó tres meses en emitir una pesquisa, un retraso que podría haber sido crucial en la búsqueda de Oriana. Lo más alarmante es que, hasta el momento, la autoridad investigadora no ha realizado ninguna acción concreta para localizarla. No hay rastreos, operativos ni avances oficiales.

El único que ha salido a buscarla es su hermano, también migrante en Ciudad Juárez, quien ha recorrido hospitales, albergues y calles sin ningún tipo de apoyo institucional. Con miedo, sin recursos y enfrentando los peligros de una ciudad marcada por la violencia, él ha hecho lo que debería estar haciendo el Estado.
Desde Venezuela, Ivon alza la voz con dolor y esperanza. Pide ayuda, clama por empatía y exige que no se deje en el olvido a su hija. No quiere que el nombre de Oriana se sume a la larga lista de mujeres desaparecidas sin justicia. Quiere respuestas. Quiere a su hija de vuelta.

